El antimasismo sin rostro…


El antimasismo hoy no tiene rostro político partidario de alcance nacional, esa cabeza fue guillotinada en la elección general de 2020 en la que el MAS volvió al poder. Por las dudas, no me estoy refiriendo a un caudillo de manera exclusiva, sino a la necesidad de que desde una organización política se dote de una consigna que congregue tanto y a tantos que a partir de ahí sea posible enfrentar con un proyecto de país a otro proyecto de país. Obviamente, incluso a reserva de que en 2019 y 2020 había una organización política que reclamaba el "voto útil" en favor de un solo candidato que competía contra el masismo.

La decapitación del rostro antimasista ocurrió en dos momentos que se llevaron por delante la síntesis de lo que era el espíritu de ese movimiento. El primero, que la corrupción anidaba de manera exclusiva en el masismo; pero con Áñez y sus respiradores, el exejecutivo de Entel fugado en EEUU, y el señor Arturo Murillo lavando dinero, quedó claro que esa ecuación de corrupción igual a masismo empezó a ser muy matizada por parte de quienes se empeñaban en enmarcar esto y presentarlo a la opinión pública.

El segundo momento, el principio de no presentarse como candidato mientras ejerces el mismo cargo de autoridad pública, esta responsabilidad no es solamente de la señora Áñez, también lo es de sus aliados políticos del momento como Doria Medina y Revilla, y de paso, quiero recordarles al exsenador Ortiz, candidato en 2019. Estos dos momentos descritos, de paso se bañaron con la utilización de la política del miedo y de la negación de cualquier simbología que tuviera que ver con lo que empezó a instalarse a partir de 2009 con el Estado Plurinacional.

Frente a eso el masismo, en aquel momento, se empeñó en ofrecerle a la gente la posibilidad de que en su lado estaba la palabra seguridad, entonces el miedo se convirtió de alguna forma en la brecha por la que el MAS comenzó a penetrar en el electorado, de ahí la ecuación evista de: que se mantenga Áñez gobernando porque Murillo les estaba haciendo gran parte del trabajo.

Sin embargo, creer entonces que el antimasismo está muerto es equivocado, después de las elecciones generales del año pasado esa corriente heterogénea se replegó a rostros menores que se encuentran en la derecha ideológica a secas, desde lo político partidario expresado en Camacho, hasta lo político mediático- amarillento de Lema y Cía.

Otro tanto se encuentra replegado en sus orígenes, es decir, políticas de causas, esas que funcionan como factores de movilización especialmente en los espacios urbanos de hoy, y que el masismo que aglutinaba esas banderas fue abandonando de a poco en los últimos cinco años con temas como el medio ambiente, el feminismo, el indigenismo, etc.

Sin embargo, la mala noticia no es tanto para el antimasismo, como lo es para el masismo, porque seguir insistiendo con un tema político con el caso "golpe de Estado", lejos de generar un escenario favorable en el que se imponga frente a los actores de oposición, le está resultando en una suerte de rearticulación natural de este sector político antagónico. Finalmente, porque no hay que olvidar que lo que movilizó en 2019 haciendo que Evo saliera del poder fue un tema político, no aquello que normalmente solía generar desestabilización, que eran razones económicas; es decir, el masismo y Evo en particular también rompieron otro récord que seguramente no les gustará recordar, fueron los primeros en ser depuestos desde 1985 por una cuestión política.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.